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domingo, 16 de noviembre de 2014

# 14

Siento como los antónimos de mi sentimiento me invaden a la vez y me crean un bomba con cuenta regresiva en la cabeza. Sin embargo entiendo.
Es difícil no llorar lo que uno extraña. Es complicado no cristalizar el mejor momento que uno vivió junto a sus seres queridos y querer que nada vaya más allá de eso. Se van reduciendo las personas, se van olvidando los momentos, las anécdotas... El cambio asusta, y más si es algo que pega justo en el lugar mas sensible de nosotros.
Si, el egoísmo otra vez que no te deja pensar de forma clara. ¿Por qué las cosas tiene que cambiar? ¿Acaso pensas que podes ser feliz cambiando el hermoso modelo en el que antes vivías? ¿De verdad crees que podes reemplazar esa felicidad por un intento de otra?

Hoy se que si.

Y también se que no es reemplazar. Eso jamás pasaría. No es creer que se puede ser más o menos feliz. No es suplantar una persona, una sentimiento o sanar una herida. ¡No! Es creer que existe algo más allá, es creer que la vida sigue con sus momentos hermosos, y aunque nada se compare con la perfección de la totalidad de las personas que estaban con vos, eso no quiere decir que no se pueda seguir adelante, no se pueda seguir viviendo.
Supuestamente todo tiempo pasado fue mejor. Y no digo que no sea verdad, simplemente afirmo que eso no quiere decir que uno tenga que estancarse y encascarse contra la vida solo por el capricho de querer que las cosas se mantengan igual de intactas de las que nosotros las conocimos en un principio y fue nuestro modelo a seguir.
Un poco de compresión, con una pizca de entendimiento. Agreguemos empatía y amor. Y voilà, una sonrisa.

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